Viajar por el territorio brasilero es descubrir que la mezcla racial y cultural de su pueblo son su mayor legado. Desde la llegada de los portugueses en el siglo XVI, inmigrantes de diferentes partes del mundo desembarcaron en el País, trayendo sus historias, sus tradiciones, sus estilos arquitectónicos. Esa diversidad se hace nítida cuando analizamos los lugares en Brasil declarados por la Unesco como “Patrimonio de la Humanidad”.
La línea del tempo de la cultura y de la arquitectura brasilera contempla desde los casarones europeos de Olinda, en el estado de Pernambuco, al proyecto moderno de la capital Brasilia. Despierta la atención de los visitantes la belleza del estilo barroco de ciudades históricas de Minas Gerais, como Diamantina, cuya historia fue marcada no sólo por la explotación de oro, si no por el descubrimiento de diamantes.
El Brasil Colonial también está en las calles inclinadas de Ouro Preto, Minas Gerais, que aún conservan las piedras originales. La ciudad preserva el arte sacra de dos famosos escultores brasileros: Ataíde y Aleijadinho. Éste último firma también el Santuario de Bom Jesus de Matosinhos, obra-prima barroca compuesta por 66 estatuas de madera que representan los pasos de la Pasión de Cristo, localizada en el municipio mineiro de Congonhas do Campo.
¿Qué decir del centro histórico de São Luís, capital do Maranhão, que reúne el mayor conjunto arquitectónico preservado de origen portuguesa del País?¿Y del Plan Piloto de Brasilia que, cada año, atrae profesionales del mundo entero, ansiosos por conferir el trazado de largas avenidas que valorizan la delicadeza de los rincones del paisajista Burle Marx? Éste es Brasil: país que cuenta con 17 bienes inscritos en la lista de la Unesco de Patrimonio Mundial, por su excepcional y único valor para la cultura de la humanidad.