



Jalapão tiene un paisaje cinematográfico. Con muchas cascadas, arroyos y lagunas. Todo punteado por dunas de arena fina y rojiza, en medio de la vegetación del cerrado (sabana arbórea). Sin duda es un escenario perfecto para el turismo de aventura y la práctica de deportes como canotaje, barranquismo y autodescenso. Es una región al mismo tiempo atrayente y rústica, esperando ser conquistada. Su nombre tuvo origen en un hábito muy difundido en la región. Jalapa-do-Brasil (Operculina Macrocarpa) es una planta autóctona utilizada para curar problemas de estómago y, como tiene sabor amargo, los habitantes suelen tomarlo con un pedazo de pan (pão). De donde viene la yuxtaposición: jalapa-pão. De cualquier modo, Jalapão impresiona por sus dimensiones: ocupa aproximadamente el 20% del territorio del estado de Tocantins. Altas mesetas de arenisca, de hasta 1000 metros de altura, dominan el paisaje. Aquí, dicen, el mar se convirtió en desierto. A pesar de ostentar el título de desierto, la fauna da movimiento al lugar: lobos de crin, venados de las pampas, emúes, osos hormigueros gigantes, jaguares y otras especies de la región, viven y se internan en la vegetación típica del cerrado (sabana arbórea) para protegerse del sol inclemente que acentúa el clima seco, con la temperatura siempre alrededor de los 30 grados centígrados. La mayor sorpresa de los que se aventuran por estos lares, es constatar la abundancia de ríos perennes, de agua transparente y pura.