



Sólo recientemente la Península de Maraú fue descubierta por bahianos y turistas, pero los moradores más antiguos cuentan que la pequeña ciudad ya fue visitada hasta por el escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry, autor de “El Pequeño Príncipe”, quien tendría permanecido en el poblado el tiempo suficiente para mantener allí una residencia. Sea como sea, la importancia de la ciudad en siglos pasados se revela hoy en los predios de arquitectura antigua. Del mirador, en la ciudad alta, se consigue tener una bella vista del estuario de Maraú y de la ciudad baja, pudiéndose observar una amplia área de feria y las embarcaciones en el atracadero. La pesca es una importante fuente de renta para la ciudad. En la agricultura, se cultivan gomeros, dendé (introducido al final del siglo XIX), clavo de la India, pupuña, cacao, guaraná e pimienta del reino. Una feria libre pone en movimiento a la ciudad los sábados. Aun en la península de Maraú está Barra Grande, villarejo que posee una de las playas más lindas del País, repleta de atracciones y piscinas naturales excelentes para baño y zambullidas. Es en Barra Grande donde queda la mayoría de las posadas y restaurantes de la región.