Se acredita que el surf haya surgido en las Islas Polinesias, ha cerca de 1.500 años, como un juego de equilibrio sobre un tronco. Luego llegó a Hawai, de donde emigró para otros mares, llevado por colonizadores europeos. Llegó a Brasil en la década de 1930, a las playas de Santos, litoral marítimo del Estado de San Pablo; y hoy, hace con que adeptos del mundo entero aquí desembarquen, en busca de la ola perfecta.
Varias playas brasileñas están entre las mejores del mundo para la práctica del surf. Uno de los principales destaques es Fernando de Noronha, archipiélago con olas perfectas y tubulares. Ellas comienzan a surgir en las playas del Mar de Dentro a partir de noviembre y se prolongan hasta mediados de abril. Picos como Cacimba do Padre, Boldró y Abrás están entre los más famosos de la región.
Otras playas muy exploradas por surfistas son las de Florianópolis, capital del Estado de Santa Catarina, en el Sur del país. En el Sudeste, las más conocidas son las playas de Ubatuba, en el litoral marítimo del Estado de San Pablo – sede del 1er Campeonato Brasileño Profesional Master, en 2005; y las del Estado de Río de Janeiro, en ciudades como Saquarema, Búzios y Río de Janeiro. En el Nordeste del Brasil, además de Fernando de Noronha, son dignas de nota las playas de Itacaré, en el sur del Estado de Bahia.
El surf tiene cerca de cinco millones de personas que lo practican dispersos por todo el planeta. Con varios surfistas de proyección internacional, el Brasil está inserido en los circuitos mundiales del deporte en diferentes categorías. Y ya fue sede de varias etapas durante los campeonatos mundiales.
El surf de río
Durante el fenómeno natural de la Pororoca, en la región amazónica – cuando las aguas del mar se encuentran con la de los ríos - varios surfistas enfrentan la gran ola que se forma en las primeras horas de la mañana.
Actualmente, el mayor tiempo de permanencia en una ola de Pororoca es del surfista brasileño Picuruta Salazar. El se mantuvo en la ola por 35 minutos y recorrió 12,2km en la desembocadura del Río Araguari, en Amapá.
El Brasil tiene olas para todos los gustos. Experimente esa emoción más. ¡Venga, y vuélvase fan!
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